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Silencio Interior, Escuela de Silencio está compuesto por personas que gustan compartir la búsqueda espiritual con el fin de mejorar sus condiciones de vida gracias a un crecimiento interior y los valores derivados de la conexión con la esencia de ser. +info: www.silenciointerior.net

sábado, 27 de julio de 2019

Términos inconcebibles

Todos somos la misma Verdad que se encuentra anterior a las cosas y al mundo, sin embargo, nuestras creencias actuales nos impiden aceptar tal realidad, convirtiéndose en el principal obstáculo a la autorrealización. Mientras existan ideas preconcebidas sobre lo Real, Eso no podrá brillar en todo su esplendor, haciéndose ausente en nuestra existencia.

En la tradición Advaita existen dos términos para definir a tal estado “sin estado”, algo inconcebible por Occidente que volcado hacia el mundo exterior ha obtenido un magno conocimiento de las cosas y del mundo. Eso sí, al elevado coste del olvido del Sí mismo y de la posibilidad de comprensión de la auténtica naturaleza interior, esa que nos hermana con todos los seres.

Tales términos son parabrahman y paramatman, lo que está más allá de Dios y del Sí mismo. Más allá de la idea de Dios y de la idea de uno mismo. ¡Qué profunda comprensión guardan tales términos! en contraste con la ceguera que muestra Occidente, siempre limitado por el pragmatismo y el empirismo, al punto de hacer naufragar cualquier posibilidad metafísica. 



Emilio J. Gómez es profesor de Yoga y coordina Silencio Interior – Escuela de Silencio

sábado, 20 de julio de 2019

Naturaleza del Ser


Si lo observas bien ¿qué hay entre un pensamiento y otro? ¿entre una emoción y otra? Nada. Vacío. Ese espacio de apariencia vacía es la naturaleza del Ser. Míralo sin miedo porque ese espacio eres tú. La del Ser es tu misma naturaleza. Entre el Ser y tú no existe ninguna separación. 

Entenderlo de manera intelectual es una opción de nula validez. Sólo la propia experiencia tiene valor. El único conocimiento válido es la experiencia, pues sólo la experiencia puede dar lugar a la sabiduría a través del “saber” directo e intrínseco que conlleva. 

La experiencia no es un producto mental. Es la vivencia de y desde la esencia. Cuando experimentas la vacuidad del Ser comprendes que ese espacio vacío eres tú. Te das cuenta de que la idea que tienes de ti mismo no es errónea sino ilusoria. 

La individualidad, el mundo, con su danza de elementos, y la idea de Dios… todo es una ilusión. Todo nace en el vacío del Ser y al mismo vacío retornará cuando la consciencia individual se diluya en la Conciencia pura. ¿Dónde estaban esta tríada antes de que nacieras? 

Vacío… plenitud… Palabras que en vano intentan conceptuar aquello que se encuentra más allá de lo conceptuable: la naturaleza del Ser. Algo inalcanzable por la mente. La mente es su pálido reflejo, del mismo modo que la luna refleja la luz del Sol. 

No busques más aquello que ya eres. Instálate en tu presencia de Ser, en el Sí mismo y sabe –sabe y acepta estas palabras– que ya eres el Ser. Relájate. Relájate más y vive tal experiencia en tu Corazón.



Emilio J. Gómez es profesor de Yoga y coordina Silencio Interior – Escuela de Silencio

sábado, 13 de julio de 2019

Reflejos de lo Único

El Ser, siempre presente en todos los seres, se expresa a través del cuerpo y la mente. Diríase que ambos son sus instrumentos de expresión, del mismo modo que un artista utiliza un lápiz, los pinceles, el cincel, una pluma o un violín. Contemplado desde la perspectiva adecuada, todo es su manifestación, pues el Ser todo lo contiene. Incluso, yendo un poco más allá, podríamos atrevernos a decir que el Ser nos utiliza para poder “ver” su creación.

La luz del Ser brilla a través de nuestra esencia. No se trata de diferentes almas las que habitan el planeta. Se trata de un solo alma habitando en diferentes cuerpos. Del mismo modo que la luz del Sol reflejada sobre el mar produce miles de centelleos, la luz del Ser se refleja a través de los seres humanos parece producir diferentes esencias. Sin embargo, todas las almas son reflejos del mismo Ser, del mismo Sol.

Después vendrán el ego, la personalidad, el carácter, las impresiones y vivencias, la mente, el destino… y todos esos elementos, viejos conocidos, que configuran la aparente individualidad en la que suelen terminar extraviados los egos cuando juegan a buscar el sentido ¿trágico? de sus ilusorias existencias.

El principio es uno sin segundo y es el mismo para todos y para todas las cosas. Tal principio subyacente en todo es lo que somos y aquello que al mismo tiempo nos contiene. La mente no puede sostener tal concepto. Es natural que así sea pues lo que Es trasciende a la mente.

A través del instrumento de la mente no es posible la comprensión última del Ser. Ello sólo será posible a través del destello intuitivo que nace en el Corazón cuando se ve a sí mismo reflejado en las miradas de los demás y en todas las cosas, siendo el alma la misma esencia de todo.

Con semejante visión nada está bien o mal. Todo es adecuado. Mirar y ver. Ver y comprender. Comprender y saber. He ahí el auténtico milagro de saberse estar vivo.

Emilio J. Gómez es profesor de Yoga y coordina Silencio Interior – Escuela de Silencio



sábado, 6 de julio de 2019

Equilibrio oculto


Existe un equilibrio en el mundo, pero está oculto, escondido… Para descubrirlo es preciso captar la energía subyacente que permanece en la esencia de todas las cosas: desde la piedra hasta el hombre y su consciencia de sí. Tal energía se manifiesta sin cesar, y cuando se la descubre concede un sentido a la existencia por completo diferente a lo que la mente en vano trata de conseguir.

Se trata de un equilibrio perfecto. El arte auténtico lo intenta encontrar, pero suele terminar extraviado en las sombras del subconsciente. Muy pocos artistas han sido capaces de su descubrimiento y de conectar con tal fuerza invisible al ojo y los sentidos, pero latente en el Corazón. Los que lo consiguieron traspasaron con éxito la prueba del tiempo y su obra les trascendió por universal.

El discernimiento puede ser de ayuda, pero sólo cuando se ha tenido la experiencia del conocimiento de lo Real. Separar lo irreal de lo Real sólo es posible cuando ambos se conocen. De otra manera tan sólo es un entretenimiento intelectual. Un pasatiempo más de la mente, que tanto gusta de especular con conceptos e ideas.

El discernimiento aplicado al descubrimiento de la energía equilibradora subyacente en todo y en el Todo nunca podrá verse convertida en una actividad mental, aunque en un principio así lo pueda parecer. Se trata de una actividad esencial. Es la esencia la que indaga, la que investiga, tratando de separar la verdad de la mentira, lo falso de lo verdadero.

No es tarea fácil, pero sí posible. Tan sólo sería necesaria una sola cualidad: anhelo de verdad, de autenticidad. Sin embargo, y aunque no lo parezca, el hombre parece estar feliz con la mentira. ¿Qué se puede hacer? Nada. Nada, excepto observar, sonreír y callar… y por supuesto, continuar con la silenciosa labor de la autoindagación que trasciende a la persona y su microcosmos.

En el Sí mismo o Atman, según la tradición Advaita, se encuentra la semilla que lleva al propio alma a conectar con el alma de todas las cosas. Descubrirlo es posibilidad de todos. Hacerlo, no. “Sólo los que lo merecen lo conseguirán”, reza el antiguo adagio de los alquimistas.

Emilio J. Gómez es profesor de Yoga y coordina Silencio Interior – Escuela de Silencio

sábado, 29 de junio de 2019

La creación


Según la tradición Advaita, la luz de la consciencia ha creado el “yo”, el mundo y la idea de Dios. Sobre estos tres pilares se fundamenta la creación del microcosmos individual. Pero ¿dónde estaba la consciencia antes de su aparición? Y sin su luz ¿dónde estaban el individuo, el mundo y Dios? 

Nada existe hasta que la luz de la consciencia lo ilumina. Cuando ello sucede, maya, la ilusión primordial, comienza su danza sinuosa de la constante creación, mantenimiento y destrucción. Ciclos que sin cesar comienzan, permanecen un tiempo más o menos largo y finalizan inevitablemente. 

En la India se habla de la danza de Nataraj, que no es otra cosa que la representación de la danza de los elementos y los distintos modos en que éstos se manifiestan: actividad, pasividad y equilibrio. El mundo ha sido creado por la consciencia que lo observa y la materia que lo configura. 

Decenas, cientos, miles de elementos giran alrededor de ese vórtice de vacío, al igual que las estrellas y constelaciones circumpolares giran en torno de la Estrella Polar, la cual gira sobre sí misma, dando forma a un minúsculo círculo vacío cuyo diámetro ínfimo es de un solo grado. 

¿Cómo era el “yo” antes de que la consciencia apareciera? ¿Cómo era el ego antes de que la luz de la consciencia emergiera creando al individuo con su mundo y su Dios? ¿Dónde estaba? ¿Tenía forma? ¿Cuál y cómo era? Piénsalo bien: ¿qué forma tenías antes de nacer? 

¿Cómo era ese ser antes de que este “yo” se hiciera consciente de su consciencia? ¿Cómo era y dónde estaba antes de que la luz de la consciencia emergiera creando el mundo con los pares de opuestos que conforman la dualidad junto a sus ciencias, religiones y filosofías? 

Se dice en la India que la danza de Nataraja finaliza en el mismo momento en que ambos pies se posan sobre la tierra. Por este mismo motivo, siempre se lo representa con un pie en alto y numerosos brazos portando en cada mano un objeto diferente y lleno de simbología. 

La danza de Nataraja es la danza de los elementos, es la danza de Shiva –Nataraja es uno de los nombres de Shiva–, que junto a su esposa Shakti o Parvati, la energía, la materia, crean la manifestación del universo. 

Se cuenta que un niño caminaba con una vela encendida. Alguien le preguntó: “Oh, que luz tan bonita ¿De dónde la has sacado?”. Entonces el niño apagó la llama y le contestó: “Ahora, dime ¿dónde ha ido?

Emilio J. Gómez es profesor de Yoga y coordina Silencio Interior – Escuela de Silencio