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Silencio Interior, Escuela de Silencio está compuesto por personas que gustan compartir la búsqueda espiritual con el fin de mejorar sus condiciones de vida gracias a un crecimiento interior y los valores derivados de la conexión con la esencia de ser. +info: www.silenciointerior.net

miércoles, 17 de abril de 2019

Religioso, buscador o místico


“Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá.
Porque, quien pide recibe, quien busca halla y a quien llama se le abre” 
Mateo, 7, 7

Tres senderos diferentes que llevan a la misma cumbre de la comprensión suprema. Tres maneras distintas de ollar el camino del interior en dirección a Dios, lo Real o el Absoluto, mismas palabras para definir lo indefinible a través de la palabra, bien sea escrita o hablada. 

Cada uno de los caminos se adapta a los diferentes caracteres de los seres humanos: el religioso a través de la oración y los rituales propios, el indagador que busca de la verdad última, o aquel otro, que anhela la experiencia mística en la que se vivencia la unión íntima con Dios.

Ante todo ha de quedar clara una cosa: ninguno es mejor o peor que otro. Lo que sí puede tener cierta relevancia es conocer cuál es el aquél en que cada uno se encuentra más cómodo para poder dedicarse en cuerpo y alma a seguirlo. También puede ser importante permitirse transitar de uno a otro conforme se profundiza en cada uno de ellos y la comprensión se amplia.

Siempre resulta hermoso captar cómo los diferentes gunas, las cualidades básicas de la manifestación, se hacen presentes en los diferentes modos de retornar al origen. Origen que, en última instancia, nunca se ha abandonado, tan sólo lo hemos olvidado. 

Finalmente, tras el oportuno trabajo espiritual, los gunas, las diferentes cualidades de la manifestación, serán trascendidos y lo que Es brillará en todo su esplendor, tal y como siempre lo ha hecho, aunque sumergidos en el sueño de la cotidianidad no nos hayamos dado cuenta.

Sea cual sea el camino elegido, ¡feliz retorno a casa!

Emilio J. Gómez, profesor de Yoga y coordinador de Silencio Interior - Escuela de Silencio



sábado, 13 de abril de 2019

Océano de Conciencia

Todos formamos parte del mismo océano de Conciencia. Todos estamos integrados en el círculo del Absoluto. Somos Absoluto. Un Absoluto que contiene infinitos microcosmos de consciencia y energía que a su vez crea millones de mundos ilusorios, pero que parecen reales.

Saberse ser el Absoluto es autorrealización. Soy Eso, y contengo todo un universo de universos. Todos los seres sintientes son mis hermanos. ¿Cómo no tratarlos como familiares próximos? Es inevitable. Todos estamos hermanados por el mismo hilo conductor: la consciencia.

Olvidados de nosotros mismos y de nuestra auténtica y común naturaleza navegamos por el “Mar de la Ilusión” en una nave llamada “Individualidad” al mando del capitán “Ego” y una tripulación formada por los diferentes centros psíquicos o chakras bajo las órdenes de los gunas y los diferentes elementos.

Ni verdad ni mentira, sólo ilusión. La ilusión de creer ser un ente separado con capacidad para hacer y decidir. Broma de bastante mal gusto si uno se lo cree. Libre albedrío se lo llama. ¿Qué capacidad de decisión puede tener la ola que asciende y desciende en el océano?

La ola cree ser lo que no es, pero cuando mira y se sabe parte integral del algo infinitamente mayor cesa la ilusión. Ha despertado del sueño. Nada que hacer. Ningún sitio a donde ir. Todo es adecuado. Todo sucede. Nadie queda que pueda hacer o no hacer.

Silencio. Paz. Amor… Un océano de Conciencia pura

Emilio J. Gómez, profesor de Yoga y coordinador de Silencio Interior - Escuela de Silencio 



miércoles, 10 de abril de 2019

Despertar



El despertar de la consciencia… ese que dispara el nivel vibratorio de la energía, multiplicando hasta el infinito la comprensión. Ese despertar se produce siempre de manera individual, nunca tal despertar ocurre a través de la comunidad.

Tal idea del grupo le gusta al ego que teme la soledad. En el grupo el ego se siente arropado, protegido, reconocido… Además, se ve añadida la sensación de “pertenencia a…” Sin embargo, todos esos factores no dejan de ser obstáculos al despertar de la consciencia.

La paradoja es que todos formamos ya parte del océano de Conciencia pura que todo lo abarca. Sin embargo, en nuestra imaginación hemos soñado con ser una individualidad, proyectándola en el mundo exterior. Y lo que es peor, nos hemos identificados con ella. Nos lo hemos creído.

Retornar al origen es el camino de vuelta. ¿Quién o qué puede señalar tal camino? Sin duda, alguien que lo haya recorrido y que more ahí. Tal instrucción no se la encuentra en los libros ni tampoco en internet, tan solo sucede a través de una presencia viva que con su luz despierte la luz en los demás.

La presencia del Ser tan sólo se puede transmitir a través de la presencia del Ser. Por el contrario, lo que el ego emite es tan solo una burda iridiscencia opacada, inundando el mundo exterior de ilusorias luces y sombras, formas, colores, texturas... Ilusiones.

Emilio J. Gómez, profesor de Yoga y coordinador de Silencio Interior - Escuela de Silencio 






viernes, 5 de abril de 2019

La clara luz del Ser


Mientras exista la más mínima pincelada de un ego arropado de personalidad –ese personaje que se cree ser–, la clara luz del Ser no iluminará en todo su esplendor, a pesar de estar siempre encendida. 

Gracias a la observación inafectada, el personaje queda desplazado. En su lugar aparece la esencia. Entonces la clara luz del Ser aparece en todo su esplendor junto a una clara comprensión en forma de certeza. Las dudas desaparecen, igual que la oscuridad se disuelve ante la luz del Sol.

Miedos y deseos pierden su fuerza original. Todo sucede de forma natural sin llegar a hacer algo, simplemente ocurre. No es posible hacer porque no queda nadie que pueda hacer. La entidad psíquica se ha diluido en el océano de la Conciencia pura.

Para entonces la ignorancia desaparece dando lugar al conocimiento directo del Ser.

Emilio J. Gómez, profesor de Yoga y coordinador de Silencio Interior - Escuela de Silencio 



jueves, 4 de abril de 2019

Espacio vacío


La primera percepción del espacio nos habla de su inmenso vacío. Cuanto más se expande la consciencia que se da cuenta de tal vacuidad, más vacío se lo encuentra… Hasta que llega un momento en que su extensión es infinita, al punto de contenerlo todo, incluidos a nosotros mismos. 

En un principio así es como se lo experimenta, hasta que llega un momento en que la percepción es tan sutil que se vivencia el formar parte de tal espacio, no estar separado. Esta experiencia trasciende todos los pares de opuestos, característica de la dualidad.

La expansión experimentada ocurre a través de la consciencia, la cual se expande más y más, hasta que la entidad individual que un día se creyó ser acaba disuelta en el espacio vacío… siéndolo todo, sabiendo que ese espacio de apariencia vacía lo abarca todo y a todos, seamos conscientes de ello o no. 

Dentro y fuera del cuerpo y sus sensaciones físicas, emociones y sentimientos, más allá de los pensamientos e ideas… Más allá de cualquier más allá imaginado, ese espacio vacío lo somos tú que lees y yo que escribo. Ocurre cuando ambos hemos dejado de ser lo que siempre hemos imaginado ser. Nunca estuvimos separados, lo soñaste.

Despierta del sueño porque de ese espacio vacío vinimos ayer, vivimos hoy y regresaremos mañana. En realidad nunca hemos dejado de estar y formar parte de él. En el espacio vacío la dimensión temporal no existe. En él tan sólo existe el silencio interior… y más adelante verás que ni tan siquiera el silencio.

Pero por el momento escucha el silencio del espacio vacío. Eres tú. Soy yo. Somos todos. Es el Todo que late con un solo Corazón. No son muchos los Corazones, es uno solo, pero que habita en distintos cuerpos. En el silencio la individualidad se disuelve… ¿Quién queda? ¿Qué queda?... Eso eres, esa es nuestra auténtica y común naturaleza: espacio vacío.

Emilio J. Gómez, profesor de Yoga y coordinador de Silencio Interior - Escuela de Silencio